Clases de música para niños DF


En la educación musical, como en todo tipo de aproximación pedagógica, en específico en las clases de música para niños df, existen diferentes métodos y enfoques. Entre los más importantes podemos mencionar el método de Karl Orff (1895-1985) que buscaba dar pautas al educador, de manera que se estimulara un desarrollo natural en los niños. Las ideas conductoras de Orff se encuentran sintetizadas en la frase “Palabra, música y movimiento”. La teoría dada en el aula era una derivación de experiencias directas, es decir, que se buscaba que el alumno tuviera experiencias con armonía, ritmo, melodía y timbre, donde además se buscaba que el alumno improvisara y compusiera, permitiendo explotar sonidos indeterminados que los elementos sonoros usados a modo de instrumentos ofrecieran; ésta es una práctica poco acostumbrada en las ortodoxas escuelas de musica actuales. Este músico alemán consideraba que el ritmo debía ser el primer elemento con el cual debía familiarizarse al educando. Se podría decir que este método es fundamentalmente intuitivo, experimental.

Clases de música para niños DF | La escala

El método Kodaly, que presenta algunas ideas novedosas como las siguientes: Es bien sabido que la música es vibración y que se transmite a través de diferentes materiales. Pues bien, desde el vientre materno es posible hacerle llegar música al feto. Lo único que hay que hacer es acercar la fuente sonora al vientre de la mamá y estaremos haciendo que el futuro niño vaya teniendo un acercamiento a la música. Evidentemente, si utilizamos música suave de Mozart, por ejemplo, tendremos los mejores resultados.

Otro concepto fundamental de este autor es el de la importancia de la música en la educación general. Es decir, en las clases de música para niños df, acabar con la idea generalizada de que la música es un estudio de secundaria importancia y ponerla en un orden de importancia al nivel de las matemáticas o la gramática. Desde mi punto de vista, para sustentar esta idea, debemos estar conscientes de que el hombre es más que sólo materia; una concepción integral del hombre lo considera compuesto también de una parte sutil que algunos llamarán alma o espíritu. Una obra inspirada, nos elevará el espíritu y nos permitirá acceder a esferas de conocimiento por encima de lo racional; a unas más sublimes y satisfactorias. Una persona con educación musical tendrá menos propensión a la violencia y llegará a desarrollar soluciones para nuestro mundo, que tomen siempre en cuenta el bien común, pues en las esferas comentadas no existe el individualismo; el desarrollo del individuo es imposible si no trae aparejado el desarrollo del resto de sus congéneres.

Otro método es el Willems y, por último, el método Dalcroze, en el que queremos enfocarnos esta ocasión.

El método Dalcroze emplea elementos lúdicos y corporales que funciona muy bien para las etapas tempranas de la formación musical: puede ser una excelente forma de aproximar y sensibilizar a niños pequeños o quizá de edad más avanzada pero con nula o escasa formación musical previa.

Émile-Jacques Dalcroze, compositor y pedagogo suizo, enfocó su método al desarrollo de la percepción de la música a través del movimiento y la corporalidad.

De manera natural, las personas reaccionamos al ritmo de la música; eso podemos notarlo en el hecho de que frecuentemente y sin percatarnos siquiera, seguimos el ritmo acompasado que percibimos, sobre todo en pies, manos, incluso cadera y torso. Dalcroze concluyó que el cuerpo humano tiene una capacidad para el movimiento rítmico que permite traducir normalmente el ritmo percibido en movimiento. Así, las personas normalmente pueden identificarse con sonidos musicales y experimentarlos dentro de sí mismo, desde los movimientos de su propio cuerpo. ¿De qué sirve todo ello en las clases de música para niños df? Es una forma de aproximar desde la experiencia inmediata del alumno al ritmo, como uno de los elementos constitutivos de la música.

Este método aprovecha e integra la inteligencia psicomotora y la inteligencia musical de los alumnos, en especial de los niños, en quienes se centra especialmente. Y lo hace basado en principios muy simples pero interesantes:

El ritmo es en sí un tipo de movimiento. Los movimientos de los niños son físicos e inconscientes, pero la experiencia física es una puerta fundamental para la formación de la conciencia y el aprendizaje. Al fomentar la regulación del movimiento se desarrolla la mentalidad rítmica, que es una estructura indispensable de la inteligencia musical.

Suena muy interesante la teoría, ¿pero en concreto qué hace el método Dalcroze?

Un ejemplo: se deja que los niños caminen libremente en cierto espacio y poco a poco se va acompañando de música en un ritmo acompasado al que ellos, sin darse cuenta, irán adaptando el ritmo de su marcha. Esa sensación es muy básica pero es muy importante que de verdad lleguen a conectar, aunque sea inconscientemente, lo que hace su cuerpo con lo que escuchan. La idea es que después se iría variando el ritmo y carácter de la música para lograr que los niños o alumnos respondan a ella con su movimiento: si es una marcha lenta o pide andar rápido, ¡incluso correr! Si es más suave o fuerte la música, andar con pisada ligera o pesada, por ejemplo. Se buscará también que se refleje el carácter de las diferentes piezas musicales, es decir, comenzar a conectar la expresividad de uno con la música, aspecto que, aún cuando a veces se relega a otro plano, es fundamental para la formación musical y muy útil para el desarrollo psicoafectivo de todo niño.

Y bueno, este ejercicio de pronto parecería un tipo de clase de baile, pero tiene sentido, pues la danza es como una prima hermana de la música y ¡a los niños les encanta la música y bailar! Utilizamos algo que de por sí les encanta (moverse, bailar y jugar) pero vamos enfocando su atención en reconocer aspectos de la música como las variaciones de ritmo, matiz y carácter, que ya interiorizadas y corporalizadas se pueden ir nombrando y categorizando: “estas son corcheas, estas son negras”, o “esto es piano, esto es forte”, por ejemplo. Es decir, nos ayuda a ir introduciendo aspectos técnicos elementales para una formación musical. Pero no sólo eso, sino que al desarrollar la atención en la música y el cuerpo, así como en las reacciones afectivas de cada uno y del grupo en el que uno se mueve, se está también desarrollando e integrando la inteligencia psicomotriz y musical, e incluso psicoafectiva y social indispensables para la música, y definitivamente muy útiles para la vida de cualquier persona.